Malvinas en la piel: 'No íbamos como mercenarios, íbamos por el orgullo de la patria'"

Clasificados02/04/2026 Belen Cazon

l 2 de abril no es solo una fecha en el calendario, sino un punto de inflexión en la historia de quienes, como Víctor Hugo, vivieron el desembarco en primera persona. Como integrante del Regimiento 25, una unidad de élite compuesta por soldados regulares y comandos, formó parte de la primera avanzada del Ejército Argentino que pisó suelo malvinense. El relato describe una transición vertiginosa: desde la calidez del Norte hasta la hostilidad de un clima bajo cero, una realidad que comenzó a gestarse en la madrugada cuando, tras despegar desde Comodoro Rivadavia, saltaron de un Hércules C-130 para iniciar la recuperación de las islas en apoyo a los buzos tácticos.

Para un cuadro profesional del Ejército, la llegada del conflicto se vivió con una mezcla de deber y expectativa acumulada durante años de formación. Víctor Hugo utiliza una analogía deportiva para explicar ese sentimiento: se describe como un jugador que, tras pasar mucho tiempo en el banco de suplentes, finalmente es llamado a la cancha. En sus palabras, el militar se prepara toda la vida para que, llegado el momento, el combate resulte más sencillo gracias al rigor del entrenamiento, marcando una distinción clara entre la perspectiva de quien ha hecho de la milicia su carrera y la visión de los soldados conscriptos que lo acompañaban.

Más allá de la estrategia y el despliegue técnico, el testimonio se sumerge en la construcción de una identidad patriótica basada en principios sanmartinianos y valores éticos. El veterano sostiene que lo que diferenciaba al soldado argentino del combatiente inglés era la motivación profunda; mientras que al otro lado veía un comportamiento más cercano al profesionalismo frío o mercenario, de este lado latía la convicción de dar la vida por el camarada. Para él, la "malvinización" es un proceso educativo y emocional que debe transmitirse a las nuevas generaciones para fortalecer el espíritu nacional ante cualquier adversidad futura.

Sin embargo, la guerra también tiene un rostro humano que se despoja de uniformes y rangos al momento de enfrentar la vulnerabilidad. El relato se quiebra al recordar el vínculo con sus padres durante el conflicto y el impacto del regreso. Proveniente de una familia con raíces en las fuerzas de seguridad —su padre era gendarme—, Víctor Hugo narra que el abrazo final con su madre y su padre fue el momento de mayor carga emocional. En esa gratitud hacia Dios por la posibilidad de volver a estar juntos, se resume el sacrificio de quienes dejaron todo en las islas y el alivio de aquellos que pudieron retomar el hilo de sus vidas tras el estrépito de los bombardeos.

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