Los varones jóvenes representan el 72% de los nuevos diagnósticos de VIH

Salud21/04/2026 Belén Cazón

​El Dr. Marcelo Quipildor puso sobre la mesa una contradicción alarmante: mientras la medicina permite que una persona sea indetectable y no transmita el virus, los casos en la región no dejan de aumentar. El especialista cuestionó si el relajamiento en los cuidados y la falta de debate sobre la educación sexual integral están "borrando" los logros alcanzados. Según Quipildor, el aumento de casos supera lo que se venía trabajando en prevención, lo que plantea un interrogante incómodo sobre si la sociedad ha perdido la percepción del riesgo frente a la confianza que generan los nuevos tratamientos.

​Uno de los puntos más críticos señalados por el médico es la conducta en diferentes franjas etarias. Mientras que los jóvenes de entre 20 y 40 años aparecen como el grupo de mayor impacto por la falta de uso de métodos de barrera, Quipildor advirtió que el riesgo no termina a los 40. Sorprendentemente, destacó que existen pacientes mayores de 60 años que, al utilizar medicación para mejorar su desempeño sexual, se exponen a situaciones de riesgo sin protección, derribando el mito de que el VIH es un problema exclusivo de la juventud.

​El debate también se centra en la responsabilidad ante el "accidente". Quipildor remarcó que el hospital local tiene disponible la Profilaxis Post-Exposición (PPE) los 365 días del año, un recurso de urgencia que tiene una efectividad mayor al 90% si se usa a tiempo. Sin embargo, el hecho de que esta medicación sea tan requerida ,incluso en casos de abuso o rotura de preservativo, evidencia que la prevención primaria está fallando. El médico fue tajante: no se trata de "salir por la vida como si nada", sino de entender que el virus sigue circulando activamente.

​Finalmente, el Dr. Quipildor insistió en que el virus no entiende de profesiones, colores de piel ni clases sociales. La verdadera urgencia, más allá de la tecnología médica, es recuperar el hábito del testeo y el diálogo diario sobre el cuidado del cuerpo. El desafío que queda planteado es si la comunidad está dispuesta a dejar de lado la "promiscuidad" del descuido para volver a priorizar la salud colectiva, entendiendo que saber si uno es positivo o negativo es la única forma real de frenar el avance de la epidemia.

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