
Orán: Plaza de los jóvenes y la lucha de Paula bajo la lluvia
La llovizna persistente sobre Orán ha transformado el inicio de mes en una postal de quietud y desaliento. A pesar de ser días de cobro, la zona bancaria y la Plaza de los Jóvenes muestran un movimiento inusualmente bajo, donde el clima parece haberle ganado la pulseada a la necesidad de la gente de salir a la calle.
​En el corazón de este escenario se encuentra Doña Paula, quien junto a su marido sostiene desde hace más de 20 años su puesto de empanadas. Para ellos, el mal tiempo es sinónimo de pérdida: sin un techo que los cubra ni un piso firme, trabajan literalmente bajo el agua. "No nos dejan hacer nada", lamenta Paula, explicando que tanto la gestión municipal anterior como la actual han bloqueado sus intentos de mejorar el espacio con recursos propios.
​La contradicción es evidente. Mientras el sector carece de infraestructura básica y apoyo oficial para convertirse en un verdadero paseo gastronómico, los vendedores sienten que el Estado actúa más como un obstáculo que como un facilitador. Lo que antes era un negocio próspero, hoy se ha reducido a la lucha por el "diario", con ventas que apenas alcanzan los siete mil pesos en las jornadas más difíciles.
​El relato de los trabajadores de la plaza deja al descubierto una realidad amarga. Mientras en los rincones de la ciudad persisten las fiestas clandestinas por motivos económicos, en el espacio público la burocracia impide que quienes apuestan por la cultura del trabajo puedan, al menos, resguardarse de la lluvia.







