
En una mañana de poca actividad tras el feriado largo, la ciudad de Orán se movilizó para rendir homenaje a los detenidos y desaparecidos durante la última dictadura militar. El acto central se desarrolló frente al memorial inaugurado el 24 de marzo de 2006, un espacio que preserva las fotos y los nombres de los 19 compañeros del departamento que fueron secuestrados, torturados y desaparecidos. La jornada contó con la participación de artistas y vecinos que manifestaron su rechazo histórico al terrorismo de Estado, reafirmando que la memoria local sigue siendo un pilar fundamental de la identidad comunitaria.
Los testimonios recogidos durante la cobertura, encabezados por Ricardo Zarra, destacaron que las víctimas no eran figuras distantes, sino trabajadores municipales, músicos y militantes sociales profundamente integrados en la vida de Orán. Se recordó especialmente la labor de figuras como Mario Bernardino Luna, quien dedicaba su tiempo a enseñar a leer y escribir a adultos y trabajadores del ingenio para que pudieran comprender sus recibos de sueldo y defender sus derechos. Estos jóvenes buscaban un país con mayor igualdad y equidad, centrando sus esfuerzos en merenderos y en la asistencia directa a los sectores más vulnerables de la sociedad.
Uno de los puntos más conmovedores del relato fue la mención a la extrema juventud de algunas víctimas, como Isaac Ortega, desaparecido a los 15 años, lo que evidencia la crueldad del plan sistemático de represión en la región. El recuerdo de Marta Luna sobre la última vez que vio a su hermano Bernardino, rodeado de uniformados mientras giraba la cabeza para mirarla antes de ser retirado de su hogar, funcionó como un recordatorio del impacto humano y familiar que dejaron estas ausencias. Esta imagen, que aún hoy retumba en la memoria de los oranenses, simboliza el dolor de cientos de familias que nunca pudieron despedirse.
Finalmente, el encuentro sirvió para reivindicar la democracia como el único marco posible para la convivencia social y el disenso político. Más allá de las preferencias partidarias o las coyunturas actuales, los participantes coincidieron en que la libertad de expresión y la posibilidad de buscar soluciones colectivas solo son posibles bajo el sistema democrático. El compromiso manifestado por los presentes fue claro: mantener vivos estos nombres y sus historias para garantizar que los atropellos ocurridos en el departamento no se repitan nunca más, bajo la consigna de 30.000 compañeros presentes, ahora y siempre.


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