Escuela sitiada: Entre balas, abandono y el grito desesperado de los padres

Locales18/03/2026 Belen Cazon

a situación en la Escuela 4373 ha llegado a un punto de quiebre que moviliza a toda la comunidad de Orán. Padres, exalumnos y miembros de la cooperadora se encuentran apostados en las puertas del establecimiento, no solo para reclamar por ladrillos y cemento, sino para exigir el derecho básico de sus hijos a estudiar en un entorno seguro. La desesperación es palpable entre las familias que, cansadas de ver cómo su escuela se degrada, han decidido abandonar sus obligaciones diarias para montar una guardia de lucha frente a lo que consideran un abandono estatal sistemático.

El reclamo central es el cerrado perimetral urgente, una obra que trasciende lo estético para convertirse en una barrera de supervivencia. Los testimonios de los vecinos, encabezados por Héctor Díaz, contradicen crudamente las versiones oficiales que minimizan la inseguridad en el sector. Mientras las autoridades policiales sugieren una ausencia de denuncias, los padres exhiben pruebas documentales de hechos vandálicos, persecuciones que terminan dentro del patio escolar y el doloroso recuerdo de un homicidio ocurrido en el predio en 2021. Para ellos, la escuela ya no es solo un centro educativo, sino que se ha transformado en un paso libre para la delincuencia y un refugio para el consumo problemático a plena luz del día.

La vulnerabilidad del edificio es tal que la falta de muros y el avance de la maleza han creado "puntos ciegos" donde personas ajenas a la institución pernoctan o se esconden tras cometer ilícitos. Esta realidad golpea directamente la rutina escolar: docentes y alumnos han sido testigos de disparos y situaciones de violencia extrema en horario de clase, lo que genera un clima de miedo constante que impide el normal desarrollo del aprendizaje. Los padres denuncian que se sienten solos en una batalla donde el monte y el delito le están ganando terreno a la educación.

Ante este panorama, el pedido de ayuda es un grito por una intervención integral que involucre no solo al Ministerio de Educación, sino también al centro vecinal y a los clubes del barrio. La comunidad entiende que para rescatar a la escuela es necesario "ganarle tiempo al ocio" mediante talleres y actividades, pero advierten que ningún proyecto social es viable si el predio sigue siendo una zona liberada. La exigencia es clara: una inversión real y urgente que devuelva la escuela a los chicos y termine con años de desidia que hoy ponen en riesgo la vida de toda una barriada.

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