
La trampa del "juego de moda": el consumo compulsivo que capturó a las infancias
23/06/2026El auge de los juegos de azar y las apuestas en línea ha dejado de ser una actividad reservada a los casinos tradicionales para convertirse en una verdadera tendencia social entre niños, adolescentes y adultos. El licenciado en psicología Nicolás Rallé advierte que hoy el juego se presenta ante las nuevas generaciones como una «moda de pertenencia» donde, más que un sufrimiento evidente, lo que prima es la necesidad de seguir al grupo y encajar. El fenómeno es impulsado por una publicidad agresiva en eventos de alta audiencia ,como los partidos de la Selección Argentina,donde los anuncios de plataformas de apuestas se multiplican por segundo, normalizando una conducta que rápidamente se instala en los recreos y en los grupos de chat.

Rallé explica que esta «moda» funciona mediante técnicas diseñadas profesionalmente para capturar la atención: cambios de estímulos constantes cada pocos segundos, colores brillantes y una promesa de recompensa inmediata. A diferencia de lo que ocurría en otros tiempos, cuando el juego tenía un lugar físico y delimitado, el celular permite que esta dinámica esté presente en todo momento. Para muchos jóvenes, apostar o comprar elementos en videojuegos ,como los famosos «diamantes» que se cargan a las tarjetas de crédito de los padres,es la forma de estar «en el día» con sus amigos. Si alguien comenta que ganó, aunque la ganancia sea mínima frente a lo perdido, el relato del éxito se vuelve un disparador para que el resto del grupo replique la conducta por puro mimetismo.
Este escenario plantea un desafío complejo para las familias, ya que la barrera entre el ocio y la adicción se desdibuja rápidamente. El licenciado destaca que muchos padres, por falta de tiempo o para evitar que sus hijos se aburran, han delegado el cuidado de las infancias al dispositivo móvil, perdiendo el rol de supervisión. Según el profesional, la estrategia frente a esta moda no es el castigo físico ni el arrebato violento del celular, sino la recuperación de la autoridad parental: saber qué juegan los hijos, establecer horarios estrictos y utilizar herramientas técnicas de control, como el Family Link.
En última instancia, el desafío para los adultos es devolverle al niño su capacidad de disfrutar del mundo real. El licenciado Rallé concluye que el papel de los padres debe trascender el simple «no»: implica estar presentes, interesarse genuinamente por qué consumen sus hijos y validar sus experiencias fuera de la pantalla. Al recuperar este vínculo, el hogar vuelve a ser un refugio donde la gratificación no depende de una aplicación, sino del diálogo, la contención y el desarrollo de intereses propios, protegiendo así a las infancias de la voracidad de un mercado que intenta convertir cualquier momento de ocio en una apuesta.





