"La necesidad no entiende de normas": el reclamo de las vendedoras frente a la Plaza San Martín

Locales02/06/2026

La situación de los vendedores ambulantes ubicados sobre la calle Arenales, en las inmediaciones de la Plaza San Martín, atraviesa un momento de profunda inestabilidad tras la reciente finalización del permiso municipal que regulaba su actividad. Rosa y Melisa, dos de las trabajadoras que operan durante el turno matutino, expresaron su preocupación ante la falta de certezas sobre su futuro laboral, señalando que, aunque se les comunicó una prórroga de palabra hasta el próximo 31 de julio, no cuentan con ninguna documentación oficial que garantice su permanencia en el lugar.

La realidad de este grupo de trabajadores es compleja, ya que la actividad no solo representa un medio de subsistencia, sino el sustento diario para sus familias. Según detallaron, el colectivo está conformado por once personas que, con el objetivo de mantener el orden y la higiene en el sector, han decidido organizarse en turnos rotativos. A pesar de su antigüedad en la zona, donde algunos llevan hasta 17 años trabajando, se sienten desplazados por una gestión municipal que, según explican, no ha abierto un canal de diálogo directo para buscar una alternativa de reubicación o formalización.

En un contexto económico sumamente difícil, donde los ingresos diarios son destinados exclusivamente a cubrir necesidades básicas como la alimentación de sus hijos, las vendedoras manifestaron su firme voluntad de trabajar dentro de la legalidad. Lejos de pretender una ocupación irregular del espacio, Rosa y Melisa reiteraron su disposición a pagar el derecho de uso de piso, tal como lo hicieron en períodos anteriores. Para ellas, el pedido al intendente es claro: que se considere su situación social y humana antes de tomar una medida definitiva que, de un día para otro, elimine su única fuente de ingresos.

La problemática también deja entrever la tensión existente entre la necesidad de ordenamiento urbano que propone la municipalidad y la realidad de la microeconomía informal. Mientras el municipio sostiene la intención de despejar la zona bajo el argumento de la planificación urbana, los vendedores recalcan que el trabajo honesto no debería ser incompatible con una ciudad organizada. Ante la ausencia de un proyecto concreto de reubicación o la creación de un paseo gastronómico que los incluya, el temor a perder su lugar de trabajo se ha vuelto una constante en la rutina diaria de quienes esperan, ante todo, ser escuchados y respetados.

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