
El jefe de Bromatología de la Municipalidad de Orán, Sergio Villacorta, confirmó la prórroga otorgada a los vendedores de "papucha" y otros productos gastronómicos apostados en los alrededores de la Plaza San Martín, quienes podrán continuar con sus actividades durante todo el mes de junio. Esta decisión prolonga un debate que enfrenta la estricta aplicación de las normas de convivencia urbana con la cruda realidad económica que atraviesan los trabajadores locales. Desde el área municipal se insiste en la urgencia de despejar las veredas y garantizar la limpieza, aunque se admite que la erradicación no es una solución viable cuando la vía pública se ha convertido en el último refugio laboral para cientos de familias.
Mientras se intenta diseñar un sistema de reordenamiento que incluya estructuras uniformes y nuevas ubicaciones estratégicas, la tensión se traslada a la seguridad. El municipio ha advertido que endurecerá los operativos contra la venta de globos inflados con hidrógeno, un gas altamente inflamable que pone en riesgo a quienes transitan por espacios concurridos. Este foco en el peligro inminente se suma al desafío de encontrar un equilibrio donde la estética y el orden de la ciudad no se construyan sobre la exclusión de quienes necesitan trabajar.
En última instancia, el conflicto pone de manifiesto una encrucijada donde el rol del funcionario oscila entre la autoridad que debe hacer cumplir la ordenanza y la sensibilidad de quien reconoce que el trabajo informal es hoy el síntoma de una crisis profunda. La posibilidad de crear polos gastronómicos organizados o corredores turísticos surge como una alternativa esperanzadora, aunque el desafío permanece: ¿cómo lograr una ciudad ordenada sin ignorar la urgencia de quienes, en la vereda, luchan por subsistir?





